Si trabajan simultáneamente dos pintores, uno de ellos subido a la escalera irá cubriendo la parte alta de la pared, mientras el otro empalmará y a un ritmo similar irá pintando la parte de abajo, tal como se muestra en esta imagen
Dominamos diferentes técnicas.
Ofrecemos servicios de aplicación de Pintura al temple liso, temple picado, peinado, o temple planchado (gotele)
No hace mucho tiempo la pintura al temple junto a la cal eran las pinturas más utilizada en interiores de viviendas.
Es una pintura de tipo económico.
Con la palabra temple se denomina la pintura que emplea en su composición tres elementos básicos: el blanco de España como carga, el agua como disolvente y la cola como aglutinante. Se trata de una pintura de poca resistencia, más apta para viviendas y locales cerrados que para exteriores. Al secar forma una película rígida, por lo que no debe ser aplicada sobre superficies que se hallen expuestas a variaciones motivadas por cambios de temperatura, humedad, etc, como sucede, por ejemplo, con las maderas.
La mezcla de los tres elementos citados, agua, cola y blanco de España o yeso pintor, da como resultado una pintura de color blanco, levemente enturbiado por la acción de la cola. Para conseguir otros colores deberá añadirse una cierta cantidad de polvo colorantes, que se encargarán de entonar y matizar la mezcla.
En la preparación de esta pintura puede intervenir dos clases de cola:
En la práctica la cola vegetal es la que suele emplear el pintor para pintar paredes y techos, mientras que la cola de conejo quedaba reservada para trabajos de tipo artístico-plublicitario, como cartelería, rótulos, decoración de escaparate, pintura mural, etc. Y decimos que quedaba reservada porque, en la actualidad, todas estas especialidades que constituían su campo de operaciones, han pasado a ser dominio de las pinturas plásticas y de los preparados en emulsión.
Una pintura al temple se prepara empezando por obtener una mezcla de agua y yeso pintor, en la proporción de 4 kilos de polvo por cada litro y medio de agua. Para evitar la formación de grumos y al mismo tiempo obtener una masa bien batida, fina y homogénea, pueden seguirse dos procedimientos distintos.
Preparada de esta forma la mezcla, veamos ahora los distintos modo de proceder según se trate de temple a la cola de pintor o a la cola de conejo.
En su preparación una proporción normal para una cola de pintor de cualidades corrientes, es decir, sin extremar su grado de adherencia, ni al máximo ni al mínimo. Teniendo en cuenta que hemos preparado un total de pasta de 5,5kg (4 de blanco de España y 1,5 litros de agua a temperatura normal.
Si al batir la cola se forman grumos, debido a su mala calidad o a cualquier otra circunstancia, deberá pasarse la mezcla por un tamiz o, en su defecto por un simple colador de cocina, para eliminarlos totalmente, pues en caso contrario pueden estropear el trabajo que se está realizando.
La proporción aconsejable es disolver 750 gramos de cola de conejo en 4,5 litros de agua.
La mezcla se efectuará en frio, colocando en un recipiente los dos componentes, agua y cola y se dejarán transcurrir 24 horas antes de proceder a la disolución. Durante este tiempo , el agua irá ablandando la cola y permitirá una operación posterior más perfecta, que consistirá en remover con un palo hasta conseguir una pasta homogénea.
Todavía se puede facilitar el proceso de la mezcla con un baño María; se coloca en un cacharro dentro de otro más grande que contenga agua y se pone a calentar este último, procurando que la mezcla de agua y cola se mantenga a una temperatura moderada.
Si deseas conseguir buenos resultados con las pinturas a la cola, son más recomendables los tonos claros que los oscuros. También resulta aconsejable el evitar complicadas combinaciones de distintos colorantes.
Los colorantes más aconsejables para la composición de tonos en este tipo de pinturas , son los siguientes:
Una vez escogido el colorante o colorantes necesarios para dar al blanco base el tono deseado, se disolverá aparte, en un bote que contenga una pequeña cantidad de agua, removiendo con un palo. Cuando la pasta sea perfectamente homogénea se le añadirá un poco más de agua y, una vez bien disuelta, se irá añadiendo a la pintura ya preparada, vertiendo el color poco a poco y removiendo la masa de aquella a fin de que tome tono de una manera uniforme.
Conviene tener en cuenta que el temple al secar, aclara el color, y por tal causa, debe prepararse un tono más oscuro.
Para los trabajos a la cola, aparte de los baldes y recipientes para preparar la pintura y transportarla al pie de obra, la herramienta base será la brocha de fondear o el rodillo. En cualquier caso, brocha o rodillo necesitarán el complemento de un pincel grueso o una paletina; que tendrá por misión, perfilar y pintar los rincones a los que aquellos instrumentos no lleguen.
Para el temple picado, se utiliza el rodillo de esponja o el cepillo especial de picar.
Tan pronto esté acabado el trabajo, las herramientas se deberán lavarse con agua clara, no dejando que la cola seque en los pelos, aunque un olvido de este genero tiene menor importancia en una pintura a la cola que en otra cualquiera. En efecto, los temples seco pueden reblandecerse poniendo las herramientas en remojo durante 24 horas y lavando después con agua y jabón se eliminarán totalmente los residuos de pintura que pudieran haber quedado.
Es aconsejable no emplear las herramientas destinadas a pintar temple en otros trabajos de distinta índole.
El temple suele darse en dos capas o manos, siendo la primera más fluida y más espesa la segunda y última. Solo en caso excepcionales se dará una tercera capa.
Cuando se quiera pintar una superficie en dos tonos distintos, se empezará por el color más claro, con el fin de que el oscuro recorte al anterior y lo cubra.
La superficies debe pintarse siempre de arriba abajo, nunca a la inversa.
Pintando con pintura al temple siempre procederemos a trabajar por este orden:
La prioridad del techo tiene su explicación para evitar que puedan caer gotas y estropear las paredes, si estuvieran pintadas.
El zócalo (rodapiés) se pintará con una pintura más resistente y que resista la humedad, pues por su proximidad al suelo recibirá más roce y estará en contacto con la bayeta, cuando se friegue la habitación. Es decir, que la pintura a la cola no llegará al nivel del pavimento, siendo sustituida a una cierta altura del mismo, que suele hallarse comprometida entre los 8 y 25 cm, por una franja de pintura al aceite, esmalte o producto plástico, etc.
Cuando se trata de superficies algo extensas será necesario hacer empalmes, ya que resulta imposible pintar sin ellos, deberemos procurar tomarlos en fresco, para que estos no se nos noten. Los empalmes siempre suponen dificultad, se deberá procurar limitar el número de ellos, para la cual deberá darse la máxima longitud posible a cada trazo.
Pintar solo o pintar conjuntamente con otro pintor.
Si trabajan simultáneamente dos pintores, uno de ellos subido a la escalera irá cubriendo la parte alta de la pared, mientras el otro empalmará y a un ritmo similar irá pintando la parte de abajo, tal como se muestra en esta imagen
En el supuesto de que el pintor sea uno solo, deberá proceder por franjas anchas desde el limite superior de la pared a pintar hasta el limite inferior de la misma. Hay que procurar que al finalizar cada franja el brochazo quede difuminado, pues de esta manera se evita que se conozcan los empalmes. La anchura de estas franjas será aquella que permita la longitud de su brazo.
Esta texturas depende tanto del instrumento que se utilice en esta ultima fase, como del grosor de la capa de pintura aplicada en la pared así como del grado de espesor que tenga la misma.
Lo más práctico para hacer texturas con pintura al temple resulta encomendar esta operación a dos pintores, que trabajen simultáneamente. Uno de ellos, dando el temple a la superficie, mientras el otro va realizando la textura.
Esta textura se realiza proyectando sobre la pared la pintura temple de consistencia espesa, se lanza por medio de tirolesa o un compresor dotado de una mangera con su correspondiente pistola.
Una vez lleno el depósito de la pistola de gotelé con la mezcla preparada, se dirige la pistola hacia la pared a una distancia de 30-50 cm. Presionamos el gatillo de la pistola y comienzamos a lanzar la mezcla en movimientos uniformes y circulares, asegurándonos de cubrir toda la superficie.
Nos asegúramos de que la boquilla está ajustada al tamaño deseado de las gotas, puedes elegir gotelé fino o grueso.
Esta textura se realiza como el mismo procedimiento que el gotele. La pintura temple se proyecta sobre la pared por medio de una tirolesa, o compresor. Una vez tirado el gotele sobre la pared, tendrás que controlar el tiempo de secado. Esperamos a que la base de las gotas esté semiseca para posteriormente aplanar su superficie.
Como herramienta utilizamos un triangulo de plástico flexible.
El instrumento para hacer esta textura es un rodillo tipo esponja, presionando el cilindro con la fuerza suficiente para que su paso quede señalado. El rodillo debe manejarse en posición horizontal y de abajo arriba. La pared queda dividida por una serie de canales o estrías de trazo irregular, cuyo resultado es eminentemente decorativo.
Otro efecto de rusticidad que puede conseguirse, esta vez sin la ayuda de ninguna herramienta, con la sóla colaboración de los dedos, es el denominado remolinado. Para remolinar la superficie ya pintada, basta con apoyar en punta los cuatro dedos de la mano derecha, e imprimir un pequeño giro que se va repitiendo, a voluntad, por toda la pared, grabando directamente la capa de pintura para que adopte el aspecto deseado.
Los peines pueden adoptar formas muy diversas, pero básicamente están constituidos por un cuerpo plano, más o menos largo, dotado de un cierto número de púas, en la imagen se reproduce la textura más representativas y generalizada de el sistema peinado.
Pasando las púas de este instrumento por encima de la capa de pintura todavía fresca, quedarán señaladas por unos surcos paralelos más o menos profundos, según sea el modelo de peine utilizado, la presión con que se le maneje y el espesor de la capa.
El instrumento clásico para picar, que además da su nombre a esta técnica, es el cepillo para picar. El tipo más corriente es de forma rectangular y provisto de mango en el dorso para facilitar su manejo. Se consigue golpeando con las cerdas encima de la pintura fresca, con toques rápidos y en todas las direcciones, asegurándose de que no queda ninguna zona sin picar.
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